Hace algunos días perdí mi pajarita de papel. Era apenas del tamaño de una cereza, de un blanco algo estropeado, cercano a lo sucio. Sin embargo, esto no socavaba ninguno de sus encantos: ese color desvaído era resultado de todas las historias que había soportado sobre su lomo delgado, de celulosa tratada.
Así es, era un marcapáginas.
Los dobleces de su cuerpo fueron tallados con un amor tímido, de esos que no están seguros de sí mismos pero que son tan fuertes y violentos que necesitan dar forma a cualquier cosa, incluso a un trocito de papel.
Ese trocito de papel significaba muchas cosas. Fui perfectamente consciente de que lo estaba perdiendo, pero no pude reaccionar, mis sentidos quedaron ofuscados, anonadados ante semejante tragedia.
Había perdido mi pajarita de papel.
Sufro su pérdida mucho más que cualquiera de las pérdidas o las hipotéticas pérdidas que pueda haber sufrido o vaya a sufrir. Un inmenso agujero agujero ha tomado posesión de mi pecho. Tengo el tórax atravesado por un túnel de infinita nada porque mi pajarita ya no está conmigo.
Sin embargo, una idea divaga en el desierto de mi cabeza. Puede que la pajarita simplemente decidiese marcharse. Fui demasiado consciente del momento de su desaparición y demasiado incapaz de evitarla.
Demasiadas cosas deciden huir de mí ultimamente. Yo me rehuyo. Demasiadas cosas mal hechas en los últimos días.
Sin embargo, sé como curarme.
Todos los problemas del mundo tienen solución en el mundo.
Los míos se curan con olor a sal, con solitud, con el rumor del Mar. Con su abrazo eterno.
De pequeña hablaba con el Mar. Reencontrarme con él era como reencontrarme con un amigo de una vida pasada. Un amigo bueno, un amigo que me cuidaba. Le contaba mis secretos, le hablaba del tiempo que habíamos pasado separados. Aún hoy sigo haciéndolo.
El Mar está lleno de toda esa paz que a mí me falta. Esa quietud de un espíritu mucho más longevo, mucho más sabio, mucho más capacitado para amar. Él me cura. El murmullo de las olas parece decirme que merezco y debo ser mejor. Cuando lo escucho, sé que tiene razón. El problema es que demasiado a menudo olvido el sonido de su voz.
Por eso debo volver.
"La soledad no es estar solo, es estar vacío".
Y yo necesito llenarme.
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