Diluirse en un poso de noche.
Cuando se nace con la voluntad aniquilada, es lo único que el espíritu tullido aspira conseguir.
Ojalá hubiese nacido con un Sol dentro del pecho. Lo terrible de desear esto es ser consciente de que existo a oscuras. La apnea que produce el ser y el estar siempre me domina con facilidad.
La distancia y el abismo entre dos ojos que se miran me aterra. Las piernas me tiemblan, no consigo hacer que todo ese aire entre en mis pulmones. De repente, el callejón sin salida parece más lúgubre, la oscuridad me asfixia. No puedo respirar.
Me dueles.
Yo no sé darme sentido, y si de la soledad no se vuelve, al sin sentido no se sobrevive, se sobre-existe. Los monstruos siempre ganan, porque yo no sé luchar. Yo sé abandonarme, yo sé irme sin hacer ruido, yo sé cerrar la puerta lentamente. Mis sombras son la historia de alguien que solo sabe cuando debe marcharse. Tengo tanto miedo. No puedo dejar de templar, me ahogo.
No puedo esperar más de la vida que tu mirarme a los ojos. Y hoy, hoy hemos evitado encontrarnos en ese lugar común. Pero yo solo puedo ser una mano abierta, no puedo correr detrás de la sombra y del recuerdo. No puedo, porque yo amo.
Hoy, ahora, sé que si decides irte, yo sólo debo ser una mano abierta.
Es mi regalo de despedida.
Si te vas, tu ausencia se queda. Sigue siendo algo por lo que dar gracias, aunque esté abocada al fracaso, una no puede abrazarse a sí misma.
Es un precio razonable a pagar, Diciembre fue demasiado hermoso.
No somos Les fils des étoiles porque no somos hijos de nadie. Estamos solos.
Tengo tanto miedo. Mis monstruos me miran desde el otro lado del camino. Saben que el siguiente trecho lo camino con ellos.