La idea de la muerte amanece demasiado grande en mi cabeza. Qué terrible sería si me libraran de la posibilidad de morir, de no existir, de cerrar los ojos y hacer desaparecer ese 'Yo' molesto que anda rondando este saco de huesos.
La Muerte me dota de sentido. Ella cerca los caminos, apresura mi paso para caminar más rápido hacia mi destino. Destino inalcanzable, sin embargo.
Quizá camino únicamente por eso: porque sé que nunca voy a izar la bandera en la tierra que quiero conquistar.
Vivimos demasiado. El tiempo roba el valor de mis sensaciones.
Él es el culpable de surcar de arrugas el rostro de mi sensibilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario