Hace algunos días perdí mi pajarita de papel. Era apenas del tamaño de una cereza, de un blanco algo estropeado, cercano a lo sucio. Sin embargo, esto no socavaba ninguno de sus encantos: ese color desvaído era resultado de todas las historias que había soportado sobre su lomo delgado, de celulosa tratada.
Así es, era un marcapáginas.
Los dobleces de su cuerpo fueron tallados con un amor tímido, de esos que no están seguros de sí mismos pero que son tan fuertes y violentos que necesitan dar forma a cualquier cosa, incluso a un trocito de papel.
Ese trocito de papel significaba muchas cosas. Fui perfectamente consciente de que lo estaba perdiendo, pero no pude reaccionar, mis sentidos quedaron ofuscados, anonadados ante semejante tragedia.
Había perdido mi pajarita de papel.
Sufro su pérdida mucho más que cualquiera de las pérdidas o las hipotéticas pérdidas que pueda haber sufrido o vaya a sufrir. Un inmenso agujero agujero ha tomado posesión de mi pecho. Tengo el tórax atravesado por un túnel de infinita nada porque mi pajarita ya no está conmigo.
Sin embargo, una idea divaga en el desierto de mi cabeza. Puede que la pajarita simplemente decidiese marcharse. Fui demasiado consciente del momento de su desaparición y demasiado incapaz de evitarla.
Demasiadas cosas deciden huir de mí ultimamente. Yo me rehuyo. Demasiadas cosas mal hechas en los últimos días.
Sin embargo, sé como curarme.
Todos los problemas del mundo tienen solución en el mundo.
Los míos se curan con olor a sal, con solitud, con el rumor del Mar. Con su abrazo eterno.
De pequeña hablaba con el Mar. Reencontrarme con él era como reencontrarme con un amigo de una vida pasada. Un amigo bueno, un amigo que me cuidaba. Le contaba mis secretos, le hablaba del tiempo que habíamos pasado separados. Aún hoy sigo haciéndolo.
El Mar está lleno de toda esa paz que a mí me falta. Esa quietud de un espíritu mucho más longevo, mucho más sabio, mucho más capacitado para amar. Él me cura. El murmullo de las olas parece decirme que merezco y debo ser mejor. Cuando lo escucho, sé que tiene razón. El problema es que demasiado a menudo olvido el sonido de su voz.
Por eso debo volver.
"La soledad no es estar solo, es estar vacío".
Y yo necesito llenarme.
miércoles, 20 de agosto de 2014
viernes, 8 de agosto de 2014
Ladrón.
La idea de la muerte amanece demasiado grande en mi cabeza. Qué terrible sería si me libraran de la posibilidad de morir, de no existir, de cerrar los ojos y hacer desaparecer ese 'Yo' molesto que anda rondando este saco de huesos.
La Muerte me dota de sentido. Ella cerca los caminos, apresura mi paso para caminar más rápido hacia mi destino. Destino inalcanzable, sin embargo.
Quizá camino únicamente por eso: porque sé que nunca voy a izar la bandera en la tierra que quiero conquistar.
Vivimos demasiado. El tiempo roba el valor de mis sensaciones.
Él es el culpable de surcar de arrugas el rostro de mi sensibilidad.
La Muerte me dota de sentido. Ella cerca los caminos, apresura mi paso para caminar más rápido hacia mi destino. Destino inalcanzable, sin embargo.
Quizá camino únicamente por eso: porque sé que nunca voy a izar la bandera en la tierra que quiero conquistar.
Vivimos demasiado. El tiempo roba el valor de mis sensaciones.
Él es el culpable de surcar de arrugas el rostro de mi sensibilidad.
domingo, 3 de agosto de 2014
Remanso de paz.
Hoy el Sol ha despertado de su sueño a mi pequeño jardín. La soledad ha tallado muchas cosas en él desde la última visita. Las flores se han desperezado lentamente, el verde brillante de la hierba ha sacudido el polvo de su traje de vida.
El aire, dormido durante tanto tiempo, ha vuelto a respirar con fuerza.
Y ese pequeño rayito de Sol que ha huído del exterior a través de una puerta entreabierta solo trataba de anunciar al desconocido que llegó allí por casualidad. O causalidad, qué más da.
Un desconocido de pasos elegantes y mirada profunda.
Una silueta que esconde un remanso de paz.
Se ha acercado lentamente, como aquel que no quiere quebrar nada, ni siquiera el silencio. Entonces se ha inclinado ante una flor, inspirando con todo el cuerpo su perfume.
Y entonces, sólo entonces, ha sonreído, con las comisuras de los labios hacia abajo.
Ha escuchado.
El jardín entero clamaba al silencio Bienvenido.
El aire, dormido durante tanto tiempo, ha vuelto a respirar con fuerza.
Y ese pequeño rayito de Sol que ha huído del exterior a través de una puerta entreabierta solo trataba de anunciar al desconocido que llegó allí por casualidad. O causalidad, qué más da.
Un desconocido de pasos elegantes y mirada profunda.
Una silueta que esconde un remanso de paz.
Se ha acercado lentamente, como aquel que no quiere quebrar nada, ni siquiera el silencio. Entonces se ha inclinado ante una flor, inspirando con todo el cuerpo su perfume.
Y entonces, sólo entonces, ha sonreído, con las comisuras de los labios hacia abajo.
Ha escuchado.
El jardín entero clamaba al silencio Bienvenido.
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