El comienzo, el nacimiento o el albor de uno mismo puede ser el momento más desgraciado de su existencia. Somos vasos de lágrimas, ¿Qué más se puede pedir?
Pedir no ser el peor enemigo de uno mismo, quizá. No morir entre las tinieblas de la propia mente, que son las más difíciles de evadir, de evitar y de disipar. Escapar de esa muerte en la que no se muere pero todos viven. Esa muerte en la que todos duermen y de la que nadie espera despertar.
Fin del delirio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario